La nostalgia es el disparador de la memoria, y como dice un viejo poema de Borges: "...la lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado". De ahí el recuerdo, el techo de cinc, la melodía del agua. La música de flauta, compuesta por un artista del Renacimiento, es una caricia para la remembranza...
Memoria del agua
La lluvia inauguraba su áspera campana sobre el techo de zinc, como ahora en mi nostalgia de esa tarde, mientras los fragmentos de imágenes resucitan en silencio: tu sonrisa cómplice, el pelo suelto en tus hombros desnudos, la desprolija montañita de tu ropa sobre una silla desvencijada y la ventana que atrapaba el resplandor de los relámpagos, la cercanía de tu piel y tu latido, una tibieza encendida en vaivenes de espuma, un aire sonoro que tu voz reinventaba en gemidos y ronroneos... y aunque el cinc se trizaba como una áspera campana, la lluvia en mi memoria es una antigua melodía de flautas y violines.
Cuando se ha pasado un año de trajines y afanes, cuando se trasponen las puertas del lugar de trabajo para regresar veinte y pico de días después, hay una sensación de libertad que aletea en la sangre y hasta se puede recuperar la mirada de turista con la que empezó el romance con la "Ciudad Primada de América". Y la primera noche de vacaciones es casi una luna de miel con la despreocupación, con los recuerdos felices...
El desnudo sobre sofá es de Belén Cosío, la música de un tal Mozart, no es que yo sea fanático de ese sujeto, pero... me gusta tanto como las mujeres...
Primera noche de vacaciones
Juguemos al insomnio mientras la ciudad descansa su rutina de cemento y soledades, a la utopía de contarnos historias y aventuras en puertos misteriosos, en ciudades perdidas donde es posible indagar el destierro de los ángeles caídos, anímate a tatuar sobre la sombra un sendero de caricias despreocupadas, como si despertaras en una tardía adolescencia irresponsable de destinos ajenos, atrévete a improvisar en la ventana un monólogo de nubes, a pronunciar caprichos, a recuperar esos rincones donde los otoños dejaban olvidados espacios de tibieza que encerrabas en los pliegues de tu falda, invéntame en la magia del vino un silencio que se pueda llenar con melodías, con caricias, con ternuras y soles, juguemos a que esta travesía es un viaje compuesto de infinitas llegadas y que el después de nuestro antes es siempre un infinito, perpetuo principio.
Una hoja de ruta sugiere un recorrido por una historia, por un mapa de emociones y de vivencias, por un conjunto de recuerdos construidos a medias, y también sugiere una tarea de intuición, de adivinación de expectativas y de culminación del deseo que con su magia inventa paraísos. La vieja melodía de aquella película intensa titulada El graduado, que hizo famoso a Dustin Hofman, Gala desnuda de espaldas, pintada por su enamorado Salvador Dalí, más la carita tan bella de Zoe Saldaña ilustran esta entrada.
Hoja de ruta Por tus ojos se llega a un mundo misterioso donde el tiempo repite episodios con duendes y muñecas y páginas de libros con princesitas tristes, en tu voz es posible resucitar canciones, inventarles capítulos a los días de lluvia y ponerles a las calles nombres de aldeas
y de puertos remotos. Por tu pelo se llega a las huellas del viento, a aquellos calendarios donde caben poemas
y fragancias de mar, en tus hombros empieza la primera
señal de un laberinto que encierra entre lunares un sendero secreto en el aroma de tu tibieza clara, y hay un país de azúcar perdido en tus caderas. En el jardín de musgo del mapa de tu vientre la tentación desteje una túnica de pétalos. Por tu respiración se llega a tu silencio, a la tierra de miel donde tu transparencia
desnuda melodías y una tenue llovizna de caricias traza constelaciones y estallidos de estrellas.
Para escribir este poema pensé en las novelas policiales de Dashiell Hammet, de Raymond Chandler y de Ross Macdonald que me gusta tanto leer, pensé también la soledad de mis detectives favoritos de ficción, Philip Marlowe, Sam Spade y Vincent Lew Archer, unos hombres descreídos, solitarios y habitantes de un mundo lleno de ausencias. La carita angelical de Jennifer Connelly, la música que el genial Michel Legrand hizo para la inmortal película Verano del 42, más el amanecer, me parecen el mejor complemento para esta entrada.
El caso de tu ausencia Cuando vi el amanecer sobre la playa y el mar era una llanura púrpura que soñaba errabundas a las gaviotas sospeché que tus ojos permanecían en mi recuerdo más de lo que recomendaba la prudencia, cuando escuché que una guitarra deshacía en un trémolo una extraña sensación de frío sospeché de tu risa, ¿por qué sonaba de esa forma tan tibia en mi memoria? Algo sucede, pensé, mientras un poema que hablaba de tus labios rondaba entre mi soledad y mi nostalgia, entonces vi una huella de tu paso por la casa, era como un aroma semejante a la brisa entre los nenúfares y las violetas, investigué en la ventana de mi cuarto y descubrí que había desaparecido el cielo de abril, tampoco estaban las nubes con forma de piano que siempre veías en las tardes, había cambiado el brillo de las orquídeas y los helechos estaban menos verdes que antes de que te fueras... Elemental, me dije ante ese cúmulo de pruebas: todo un día sin ti es una larga travesía que solo termina cuando en la puerta resuena el chirrido musical de tu regreso.
Esta historia romántica se la prometí a mi amiga Sara, que vive en Nueva York y escribe unos poemas bellísimos, las fotos las tomó mi amigazo César de la Cruz, los hermosos modelos en penumbras son Pamela y Juan Camilo, y la bella Anadela. La música es de Janis Joplin, BBKing, y al final la siempre deliciosa melodía de Love Story... espero que les guste el cuentito.
Porque el tiempo de andar con tu nombre por el día había llegado a un término que, con soberbia, lo reconozco, me propuse como definitivo, decidí que incluso en la mayor de mis derrotas exhibiría un mínimo de dignidad y una mañana simplemente me fui, de tus cosas, de tu vida, de tu mundo del que todas maneras ya me había excluido desde que tu carrera dio ese salto meteórico que te convirtió en lo que fuiste a partir de tu segunda película. ¿Eran celos o talvez envidia de una fama que te había llegado tan de golpe que ninguno de los dos nos dimos cuenta? ¿Era simplemente que de golpe me convertí en un estorbo para los fotógrafos y periodistas que hacían guardia frente al departamento del que al principio me negué mudarme y en el que me quedé hasta mucho después que las revistas rosa publicaron títulos como "Lorena Di Marco pone punto final a su romance con Fernando Páez" o "Lorena nos muestra su casa de ensueño". Confieso que sí leí todas tus declaraciones, todas la notas que escribió tu agente de prensa, todo lo que dijo tu representante. Es cierto que nunca dijiste nada que pudiera molestarme y es cierto también que jamás me molestaste, que aceptaste firmar todos los acuerdos que te mandé con mi abogado y la única vez que me llamaste, más bien enojada, fue cuando apareció mi primera novela, El pecado de Lara Vasilieva, porque le dije a la secretaria de tu agente de prensa si quería un ejemplar, pues que el libro estaba en venta en la librería del Gliptodonte, en la ciudad vieja. La muchachita me dijo que no pensaba que fuera tan "oneroso", esa fue la palabra que usó, "no creíamos que resultara tan oneroso para usted enviarnos un ejemplar autografiado para Lorena" dijo la muy oligofrénica, obviamente, cuando le respondí que si yo jamás les había pedido una entrada gratis para ver alguna de tus películas no veía razón para que me vinieran a jorobar, la tipa se enojó y me colgó el teléfono. Confieso, porque en tren de confesiones estamos, que esa noche me emborraché con gusto, y fui feliz después de escuchar el mensaje que me dejaste en la contestadota, porque hasta me di el gusto de no atenderte. Me hizo mucha gracia tu segunda película, según los críticos el papel de escritora que resolvía el crimen te salió perfecto, tanto que hasta ganaste un premio en España. Juro que me reí mucho al ver la película, obviamente, no le dije a nadie que la había visto en una copia pirateada de esas que venden en las calles, escritora, tú, que apenas sí sabías escribir cartas para tu mamá en Nueva York pero... -Señor, señor, ¿se siente bien señor?
*** Entonces apareció Aura, cuando yo era apenas un escritor en ciernes, a punto de cumplir treinta y cinco años, cuando Lorena Di Marco, Laureana Marcorello Papaterra según sus documentos, se convirtió en la megadiva dominicana que filmó una película con Denzel Washington porque Denzel Washington exigió que fuera Lorena su partenaire y porque su talento innato recordaba la ductilidad de Lana Turner y porque un curso en el Actor's Studio le dio la posibilidad de entrar a Hollywood por la puerta grande. Aura fue una de las tantas carajitas que pensaban que yo necesitaba consuelo en esos días, cuando daba clases en la carrera de derecho en la Universidad Latina, cuando vendí mi apartamento para costear la quimioterapia de mi madre, cuando me negué a aceptar cualquier ayuda de mis ex cuñados y de papá y mamá Lorena que, según ellos, seguían considerándome un hijo. Fue un año difícil. La muchachita llena de sueños con la que pasé los mejores momentos en la universidad, la estudiante estudiosa, brillante y codiciada por muchos, dio de pronto un salto tan grande que... pero tal vez no tiene caso hablar de Lorena, sino de Aura. ¿por qué? Porque Lorena es el pasado y Aura es el presente. *** Es que esta historia tiene demasiadas interrupciones, cada personaje reclama su espacio, cada cual quiere lo suyo. Es eso. Y uno cree que porque la escribe puede jugar ser Dios, o mago, o diablo tal vez, pero nunca termina escribiendo lo que quiere, sino lo que se impone. ¿Qué fue lo que me convirtió en una presa buscada por la prensa rosa, por la prensa amarilla y por la prensa de todos los colores? Obviamente, ser el ex de Lorena Di Marco, la muchacha descendiente de inmigrantes sardos, una revista investigó a sus parientes en Siníscola, y a otro grupo en Granítola... pero déjame comenzar de nuevo con Aura, porque esta historia es para ti, Sarah, pero es en realidad la historia de Aura, porque a partir de Aura recuperé mi paz, mi pan, mi primavera... me negué sistemáticamente a hablar con la prensa, sometí a la Justicia a dos canales de televisión y rechacé el dinero que me ofreció una revista londinense a cambio de una entrevista para hablar de Lorena. Renuncié a mi trabajo en el departamento jurídico de un banco y me quedé con mis clases en la universidad. Cuando mi madre se recuperó de su leucemia vendí el departamento y el auto y saldé todas las deudas de la familia. Después me fui a vivir solo. *** Conocí a Aura en una fiesta en casa de Alejandro, de hecho, Ale me la presentó como su novia. Alejandro era hijo del dueño de la universidad donde yo daba clases y Aura era periodista en un semanario cuyo propietario era también el papá de Alejandro. Alejandro era conocido mío, y había sido mi jefe en el banco en el que dejé de trabajar cuando Lorena firmó su primer contrato con la Paramount. La fiesta estaba en su apogeo, y yo tenía ganas de irme porque el olor a cigarrillos me estaba matando y porque el lugar estaba lleno de hombres ricos, de larga trayectoria algunos y de fortunas de dudoso origen la mayoría, en fin, que era ese momento en que quería irme y entonces Alejandro se apareció en ese rincón del patio junto a la piscina, mientras adentro la música de salsa ponía a las parejas jóvenes y no tan jóvenes a mover el esqueleto. Ale me la presentó, es mi novia, dijo, y se va a quedar contigo un momento porque yo tengo que solucionar un problemita con la seguridad, cualquier cosa tú me llamas al celular, charla con Aura, mi hermano, y ten cuidado que ella es una inocente niña, dijo y se fue.
*** -Alejandro te mintió. Él no era mi novio, éramos amiguitos, sí, yo había cubierto varias fiestas para el semanario y él me invitó por eso, pero en realidad yo estaba trabajando esa noche, solo que Alejandro me pidió que fuera... bueno... así... vestida de fiesta... lo de que ella es mi novia fue una broma de él, y tú te lo creíste... *** Para que puedas armar en tu cabeza este rompecabezas y para que la historia sin su histeria tome forma de una vez por todas transcribo la parte sustancial de la entrevista concedida por Fernando Páez a la periodista Aura Salas. En ese momento me parece que ya estaban enamorados, pero al menos uno de los dos no lo sabía...
Fernando Páez no encaja en la imagen del escritor, no tiene el clásico aspecto de los intelectuales, viste de manera sencilla y formal, no fuma, confiesa que rara vez bebe alcohol porque tiene muy poca tolerancia a los compuestos etílicos. Su presencia transmite una imagen de serenidad, su trato es afable y no trata de impresionar con citas ni con frases rebuscadas. Se niega a considerar que Lorena Di Marco sea un fantasma, "en todo caso es un fantasma inventado por algunos periodistas", dice. A punto de cumplir treinta y cinco años, está escribiendo su quinta novela (ha publicado solamente dos libros hasta la fecha, los otros permanecen inéditos) que espera terminar en diciembre y editar en marzo del año que viene. Su título, aclara que no es definitivo, es La eternidad también es lunes. Pese al bombardeo al que lo hemos sometido, en ningún momento perdió la calma, la misma con que siempre ha respondido hasta ahora "no voy a hablar sobre ese tema" o "lo siento, no concedo entrevistas". Esta vez sí ha resuelto hablar sobre Lorena Di Marco, sobre sus recuerdos y espera, afirma, cerrar con sus respuestas un capítulo de su vida.
¿Qué es para usted Lorena Di Marco en este momento? Es una parte importante de mi pasado, un montón de recuerdos felices, nada más. ¿No tiene ningún contacto con Lorena ni con su familia? No. Desde que la familia de ella se fue a vivir a Estados Unidos ni mi familia ni yo hemos vuelto a tener contacto con ella ni con su familia. ¿Es cierto que ella le ofreció costear la edición de su novela El pecado de Lara Vasilieva y que usted se negó? No es cierto, ni ella ofreció nada ni yo rechacé nada porque no hubo ningún ofrecimiento. ¿Y si ella se lo hubiera ofrecido usted habría aceptado? No. ¿Por qué? Porque ya no hay ningún vínculo entre Lorena y yo, no hay nada, entonces no existe razón para que ella me ofrezca nada ni para que yo acepte nada de ella. ¿Fue dolorosa la ruptura? Sí, como todas las rupturas de una pareja, pero era lo mejor para ambos, era la única posibilidad. ¿Usted se negó a acompañarla en su carrera? Ella no me lo pidió, pero si me lo hubiera pedido, me hubiera sido imposible acompañarla, porque en ese momento yo tenía muchas cosas personales, y muy importantes, que resolver, tampoco me hubiera atrevido a pedirle que dejara todo por mí, hubiera sido una actitud muy egoísta de mi parte. ¿Usted todavía está enamorado de ella? No. El amor es un sentimiento que se vive, que tiene vida mientras es compartido en un proyecto cotidiano. Lorena encontró un camino, yo tengo el mío propio, que es vivir en mi barrio, escribir mis libros y trabajar para vivir. Siempre, incluso ahora mismo, le he deseado a ella lo mejor, y estoy seguro de que ella también me desea lo mejor a mí. Guardo de ella los mejores recuerdos y si nunca quise hablar de ella con la prensa es precisamente porque esos recuerdos son una cosa muy personal. ¿Leyó la entrevista que ella concedió a una revista londinense en la que aparecen fotos familiares de cuando usted y ella eran adolescentes? Ella no tuvo problema en hacer públicos esos recuerdos Esa es una decisión personal de ella, y no me molesta en absoluto, es más, no tiene importancia. Supongamos que Lorena lo llama y le dice que quiere hablar con usted, que quiere que usted vaya a visitarla, ¿qué haría? Eso no va a suceder nunca. Ella pertenece ahora a un mundo en el que su pasado no tiene cabida, pertenecemos ambos a mundos diferentes y tenemos propósitos existenciales tan diferentes que es imposible que podamos molestarnos el uno al otro, porque ya no hay posibilidades de ningún contacto. Supongamos que Lorena me llamara porque me necesita por un problema concreto, si yo puedo ayudarla, claro que acudiría, como acudiría a cualquier pedido de ayuda de un amigo, de un vecino, de un compañero del bachillerato, pero no creo que ella necesite nunca nada de mí ni de los amigos del barrio, ella tiene ahora suficientes recursos como para solucionar cualquier situación que se le presente. Los cambios que ha habido en mi vida, y en la vida de ella, han sido lo suficientemente grandes como para cerrar toda posibilidad de contacto. La Lorena que yo amé en mi adolescencia ya no existe, y yo tampoco soy el mismo. Su imagen de hombre solitario, abandonado por una mujer exitosa que lo olvidó enseguida, ¿le ha hecho atractivo para las mujeres o le sirvió para darse a conocer como escritor? (Sonríe) No. En absoluto. Para publicar la primera edición de El pecado de Lara Vasilieva tuve que pedir un préstamo bancario y tardé más de dos años en pagarlo. La segunda edición fue más exitosa, y saldé mis deudas con las ventas de El laberinto de cristal, pero la literatura no me ha enriquecido, sigo viviendo de mi trabajo docente y ahora tengo una situación un poco más holgada, pero estoy lejos de ser un escritor millonario ni nada de eso. ¿Por qué decidió romper ahora su silencio de años sobre el tema Lorena Di Marco? Porque me parece que es el momento apropiado para ello. Antes no me importaba lo que pensaran los demás, ahora tampoco me importa demasiado, pero sí quiero dejar en claro que Lorena figura entre los mejores recuerdos de mi vida y que nunca he tenido con ella ninguna clase de resentimiento, me hace feliz que ella sea exitosa, que haya cumplido el sueño que tienen casi todas las mujeres, siempre lo he sentido así, lo que pasa es que antes no necesitaba decirlo, ahora lo hago para cerrar una etapa de mi vida sin dar lugar a ninguna clase de suspicacias. Si Lorena estuviera aquí ¿qué le diría? Que la quiero mucho, y que espero que sea todo lo feliz que ella se merece. ¿Tiene algo que agradecerle o reprocharle? Reprocharle... no, no tengo nada que reprocharle ni cuestionarle, en cambio sí tengo que agradecerle por todo lo que compartimos, por lo afortunado que soy, porque mientras todo el mundo ve una imagen de Lorena Di Marco talentosa, exitosa, bella y triunfadora, que lo es, indudablemente, el privilegio que yo he tenido es el de conocer al extraordinario ser humano que hay en ella, y es así como siempre voy a recordarla. Eso es todo. ***
¿Tú crees en la poesía, verdad Aura? No me digas que sí porque esta es una pregunta retórica, de esas que no esperan respuesta o que ya la tienen implícita, porque la poesía resurgió una noche cuando bailamos en aquel salón lleno de humo de cigarrillos, yo pensaba entonces en la lejanía de las mujeres cuando bailan por primera vez con alguien a quien acaban de conocer, mientras la voz de Janis Joplin se estiraba en los compases de Little girl blue, y entonces tu perfume... te sentí moverte con lentitud, por los tacos de aguja de tus sandalias, te pedí que me tradujeras la letra que habla de una muchacha que se cuenta los dedos con el meñique y que se hace cada vez más delgada, más transparente porque nadie la ama, porque nadie le envía un muchacho vestido de azul para animarla a ella, la pequeña niña azul... pero entonces tu perfume... la voz de Janis Joplin se apagó y al DJ se le ocurrió poner a BB King con esa locura sonora que se llama How blue can you get, y comencé a sentir cómo de pronto esa atmósfera irreal de humo, de retumbar sonoro de baterías y guitarra ejecutada por las manos de ángeles desterrados se tornaba azul, y no hiciste nada por dejar de bailar... pero entonces tu perfume... y la música se deslizaba por tu pelo, por la tela azul de tu vestido de fiesta, reconocí la voz de Ella Fitzgerald en los compases de Blue moon, había un resplandor azul en tu cabello recortado, como si te hubieras peinado con un gel de color azul y eran azules las ausencias, las melancolías sepultadas entre risas creadas por el whisky, sentí tu cabeza apoyada en la solapa de mi traje gris, sentí una tibieza azul cuando tus brazos se colgaron de mi cuello... pero entonces tu perfume... Alejandro no volvió... yo quería echarle culpas a la música, al brillo azul de tu pelo, a la voz de Ella Fitgerald que cantaba mejor que los dioses, pero no, fue tu perfume... y tu lápiz labial con sabor a naranja, o tus labios y mis barreras, el resplandor azul del blues que lo trastocaba todo... te soltaste de mis brazos en medio del salón, te vi caminar envuelta en el brillo espectral de los adioses, la tela de tu vestido azul se adhería a tu cuerpo con la misma obstinación de mi deseo mientras el miedo me paralizaba por completo, el sabor a naranja de tu lápiz labial, el resplandor azul de tus ojos... pero entonces... también tu perfume... *** Yo creo, Aura, aun hoy, que no fue mi intención, el beso, digo, pero no me animé a decírtelo cuando te fuiste... es que en ese momento tenía cierta experiencia en eso de dejar que las mujeres simplemente se fueran... ***
Prometí que me vengaría de ese beso que me diste, que te demostraría que nadie besa impunemente a una periodista de Haina, creo que para elegir la forma recordé el "Romace a la venganza" de Alfonsina Storni, pero cuando te tuve frente a mí estabas tan desolado, eras la cara opuesta del cazador que ella retrata en su poema, te escuché balbucear incoherencias, tus palabras me llegaban como de lejos... por eso te besé... para que no siguieras diciendo tonterías...nadie besa sin intención... lo hace con intenciones oscuras casi siempre... pero esas intenciones oscuras suelen ser las más claras de todas...¿verdad? Lo del perfume es una excusa tuya...lo he usado siempre, es el Givenchy Ange ou Demon... ***
Ángel o demonio, me pregunté esa madrugada cuando abrí los ojos, tu desnudez dormía sobre mi cama, era de ángeles el aura que envolvía tus párpados cerrados, era azul el aura de tu piel estirada y era dulce el aura de tus senos hechos de calidez y de tibieza... mis ojos se nublaron cuando recordé ese primer beso mecido por los compases de Blue moon, comprendí que en ese momento lo que en verdad me dio miedo fue aceptar que todo comenzaba nuevamente, que era necesario caminar en lugar de permanecer, vi en el latido acompasado de tu pecho desnudo una melodía silenciosa hecha de trinos guardados en viejas memorias, necesité en ese momento recrear un clima en el que pudiera existir el milagro de tu presencia blanca, y me puse a inventar melodías que llenarían de luces tu silencio... demonio angelical dormido... ángel perfumado... era llegado el momento de aceptar definitivamente que en un lugar vacío de mis aposentos, en una página en blanco de mis viejas historias, en una ventana abierta hacia un paisaje inexplorado, estaba tu presencia con su aroma y su miel, con tu voz y tu piel, en el momento en que la muerte huía...
***
(Mi querida Sarah: Te prometí esta historia hecha de fragmentos, de retazos, una historia en la que un escritor casi desconocido lucha contra el fantasma de una mujer hermosa que se fue de su vida pero no, en realidad él se había ido mucho antes de la vida de ella y terminó haciendo realidad esa frase de Borges que dice que la mejor venganza es el olvido).
El insomnio suele ser testigo de recuerdos, sobre todo cuando desde la soledad del cuarto se siente la presencia de la tormenta, cuando los relámpagos y los truenos traen reminiscencias de miedos infantiles, cuando la evocación revive unos ojos, una mirada que alguna vez iluminó el presente que ahora solo habita en territorios de nostalgia...
Las imágenes y la melodía de piano están para que la imaginación ponga a funcionar sus alas.
Este poema es de fines de los años noventa. Es simplemente una invención. No hay detrás ninguna historia ni nada parecido, por lo demás la ginebra nunca ha figurado entre mis licores favoritos. Mi humilde paladar apenas llega a distinguir las delicias del vino y de la cerveza, y muy ocasionalmente de la sidra. Pero la capacidad de inventar historias es también parte del oficio de los poetas...
Dudas
No sé si fue la melodía de tu voz 0 si fue sencillamente la ginebra, Si fueron los violines de Vivaldi en la penumbra O tu blusa transparente y entreabierta.
No sé si mis latidos como truenos presagiaban, irremediable, la tormenta, O si finalmente tus encajes diminutos También cedieron ante la ginebra.
Lo cierto es que el paisaje posterior Era una desolada conjunción de arena Con un sabor de pétalos ajados Y un agrio vaho pastoso de ginebra.
Hasta hoy todavía me pregunto Si en esa magia de tu risa plena, En el temblor de luna de tus senos O en el crujir azucarado de tus entretelas, Si en tu mirada misteriosa y empañada O en la danza enredada de tus piernas, O en las palabras que sé que no dijiste Hubo culpas que son de la ginebra.
Aunque el naufragio es un hecho del pasado, a veces aparecen entre mis papeles algunos fragmentos de esa historia que una vez quise escribir, pero que se ha quedado ahí, inconclusa entre un cúmulo de ausencias, y que solo regresa cuando una melodía vieja comienza a sonar en el amanecer, como si los duendes interiores se obstinaran en rescatar los ayeres perdidos. La melodía de Mozart, el desnudo de Degas y el otro desnudo más el amanecer de Monet, me han parecido los mejores complementos para esta entrada.
...la niña lloraba cuando la cargaste en tus brazos, acaso tu tibieza la calmó, o fue la suavidad de tus dedos que limpió de su rostro las huellas de su llanto, o tal vez fueron tus labios que mancharon de rojo esa mejilla sonrosada...
...entonces por órdenes de tus uñas despintadas las cuerdas de la guitarra fueron dibujando compases que iluminaban el silencio y cuando una armonía hecha de calidez y espuma me hizo cerrar los ojos descubrí que la penumbra se podía teñir con el sabor más dulce...
Tus pasos en la hierba... un latido apagado sobre una tierra hecha de aromas agrestes donde tu presencia era una caricia de viento entre los árboles dormidos...
Vi el brillo de tus ojos cuando leías mis poemas, vi una media sonrisa de tus labios cuando descifraste mi mejor metáfora, vi tu pelo derramado sobre el papel escrito, vi el palpitar de tu pecho, creo que vi por un momento el paraíso...
...te gustaban tanto los pájaros... lo descubrí un atardecer, cuando viajábamos "a dedo" hacia tu pueblo en aquel desvencijado camión que con su traqueteo nos condujo por aquellos caminos bordeados de sembradíos de algodón y girasoles, y sorprendí en tus ojos esa ansiedad de lejanías mientras las golondrinas se alejaban en un vuelo que trazaba filigranas invisibles hacia los cielos del oeste. Te besé con mis ojos, con mis ganas, con mi silencio, para no sacarte de esa vaguedad de ensueño que aquel paisaje dibujaba en tu mirada... te gustaban tanto los pájaros... lo comprobé en aquella madrugada lluviosa cuando sorprendí en tu desnudez inquieta un mínimo temblor y entonces intuí tu angustia por la suerte de los gorriones en los árboles vecinos, pero cuando el alba disipó los cortinajes de la lluvia te dormiste acunada por un conjuro de trinos y había en tu rostro un aura de inocencias antiguas que desataban todas mis ternuras y me devolvían una transparencia que creía perdida...
...te vi levantar el cuello de tu abrigo mientras el viento entretejía y destejía con tu pelo una imagen que se quedaría grabada en mis insomnios, en las nubes del tabaco encendido en largas madrugadas, en cada uno de los rincones donde la luz y la sombra se disputaban cada rastro de ti, en las páginas de los libros que envejecerían en los estantes hasta que mi tristeza se animara a escribir la historia de tu ausencia...
... de aquel naufragio decidí que no guardaría absolutamente nada, apenas el temblor de mis pupilas que se cerraron para negarse a ver el rumbo de tus pasos, apenas el aire que se me atragantaba en la garganta por negarse a llamarte, apenas tu perfume que me asalta a mansalva cuando abril enciende de corolas multicolores los árboles, el patio y los jardines, apenas tu voz que resucita en cada primavera cuando una algarabía de gorriones y palomas adorna un mundo absolutamente ajeno a tu presencia...
Nací hace medio siglo en una ciudad llamada Resistencia, capital de la provincia del Chaco, en la Argentina. Aunque no creo en los fanatismos soy un apasionado del tango, de los buenos libros y de los goles del Príncipe Francéscoli. Creo en la esperanza interminable de la libertad de los pueblos y en la música que teje el viento entre las hojas de los árboles, en la magia dormida de las palabras y en el abrazo cómplice de los amigos.