Mario Benedetti partió hacia la eternidad inderrotable que el destino reserva a los poetas, pero su generosidad tan prodigiosa nos dejó en montones de anaqueles el resultado de esa táctica y estrategia tan simple y tan profunda que los hombres como él trazan desde el primer momento en que empuñan su pluma indoblegable frente a los poderes criminales que gobiernan el mundo: que desde ahora y para siempre lo necesitemos.
Se fue don Mario de su Montevideo
Absolutamente verde y con tranvías
Se quedó don Mario entre un paisaje de canciones,
De versos musicales que le pusieron a la poesía
Una magia cotidiana hecha de mate amargo,
De compases de tango y utopías de goles en domingo,
Se fue don Mario y se quedó don Mario
Para sembrar con cada uno de sus versos
Esa esperanza interminable que hace a los pueblos
Un poquito más libres y a propósito
Y entre tanta tristeza, pucha digo, uno se pregunta
Si el Sur puede existir ahora,
Si es posible esa hermandad del vino
Y una mujer desnuda y en lo oscuro,
Si se puede mirar hacia los astros
Y trazar una metáfora sonora de bandoneones
Y rescatar viejas baladas que redimen
La historia del Che y su sacrificio
Y sentir que los poemas sirven también
Para llegar al corazón del otro,
Y si es posible entre lamentos y melancolías
Marcar a fuego cada esquina de La Habana, de París, de Praga
O en cualquier sitio en la tierra trazar con un poema
De don Mario el centro exacto de los mil universos
Que él habita desde ahora y por los siglos de los siglos.