La vagancia del poeta
Cuando se ha pasado un año de trajines y afanes, cuando se trasponen las puertas del lugar de trabajo para regresar veinte y pico de días después, hay una sensación de libertad que aletea en la sangre y hasta se puede recuperar la mirada de turista con la que empezó el romance con la "Ciudad Primada de América". Y la primera noche de vacaciones es casi una luna de miel con la despreocupación, con los recuerdos felices...
El desnudo sobre sofá es de Belén Cosío, la música de un tal Mozart, no es que yo sea fanático de ese sujeto, pero... me gusta tanto como las mujeres...
Primera noche de vacaciones
Juguemos al insomnio
mientras la ciudad descansa su rutina
de cemento y soledades,
a la utopía de contarnos
historias y aventuras en puertos misteriosos,
en ciudades perdidas donde es posible
indagar el destierro de los ángeles caídos,
anímate a tatuar sobre la sombra
un sendero de caricias despreocupadas,
como si despertaras en
una tardía adolescencia irresponsable
de destinos ajenos,
atrévete a improvisar en la ventana
un monólogo de nubes,
a pronunciar caprichos,
a recuperar esos rincones donde
los otoños dejaban olvidados
espacios de tibieza que encerrabas
en los pliegues de tu falda,
invéntame en la magia del vino
un silencio que se pueda llenar con melodías,
con caricias, con ternuras y soles,
juguemos a que esta travesía
es un viaje compuesto de infinitas llegadas
y que el después de nuestro antes
es siempre un infinito, perpetuo principio.
Tanya dijo
Parece ser que las vacaciones te sentaron de maravilla. Es una poesía de eterno descanso. No estoy segura que me guste la idea de eterno (es demasiado tiempo en tan corto espacio) pero me gusta la poesía. Por cierto, desde antes de las vacaciones te desapareciste, he extrañado tus comentarios y nuestros correos amistosos. Espero que estés super bien. Besos.
11 Diciembre 2008 | 06:28 PM