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La Coctelera

negrorrevoltoso

20 Septiembre 2008

Fragmentos rescatados del naufragio

Aunque el naufragio es un hecho del pasado, a veces aparecen entre mis papeles algunos fragmentos de esa historia que una vez quise escribir, pero que se ha quedado ahí, inconclusa entre un cúmulo de ausencias, y que solo regresa cuando una melodía vieja comienza a sonar en el amanecer, como si los duendes interiores se obstinaran en rescatar los ayeres perdidos. La melodía de Mozart, el desnudo de Degas y el otro desnudo más el amanecer de Monet, me han parecido los mejores complementos para esta entrada.


...la niña lloraba cuando la cargaste en tus brazos, acaso tu tibieza la calmó, o fue la suavidad de tus dedos que limpió de su rostro las huellas de su llanto, o tal vez fueron tus labios que mancharon de rojo esa mejilla sonrosada...

...entonces por órdenes de tus uñas despintadas las cuerdas de la guitarra fueron dibujando compases que iluminaban el silencio y cuando una armonía hecha de calidez y espuma me hizo cerrar los ojos descubrí que la penumbra se podía teñir con el sabor más dulce...

Tus pasos en la hierba... un latido apagado sobre una tierra hecha de aromas agrestes donde tu presencia era una caricia de viento entre los árboles dormidos...

Vi el brillo de tus ojos cuando leías mis poemas, vi una media sonrisa de tus labios cuando descifraste mi mejor metáfora, vi tu pelo derramado sobre el papel escrito, vi el palpitar de tu pecho, creo que vi por un momento el paraíso...

...te gustaban tanto los pájaros... lo descubrí un atardecer, cuando viajábamos "a dedo" hacia tu pueblo en aquel desvencijado camión que con su traqueteo nos condujo por aquellos caminos bordeados de sembradíos de algodón y girasoles, y sorprendí en tus ojos esa ansiedad de lejanías mientras las golondrinas se alejaban en un vuelo que trazaba filigranas invisibles hacia los cielos del oeste. Te besé con mis ojos, con mis ganas, con mi silencio, para no sacarte de esa vaguedad de ensueño que aquel paisaje dibujaba en tu mirada... te gustaban tanto los pájaros... lo comprobé en aquella madrugada lluviosa cuando sorprendí en tu desnudez inquieta un mínimo temblor y entonces intuí tu angustia por la suerte de los gorriones en los árboles vecinos, pero cuando el alba disipó los cortinajes de la lluvia te dormiste acunada por un conjuro de trinos y había en tu rostro un aura de inocencias antiguas que desataban todas mis ternuras y me devolvían una transparencia que creía perdida...

...te vi levantar el cuello de tu abrigo mientras el viento entretejía y destejía con tu pelo una imagen que se quedaría grabada en mis insomnios, en las nubes del tabaco encendido en largas madrugadas, en cada uno de los rincones donde la luz y la sombra se disputaban cada rastro de ti, en las páginas de los libros que envejecerían en los estantes hasta que mi tristeza se animara a escribir la historia de tu ausencia...

... de aquel naufragio decidí que no guardaría absolutamente nada, apenas el temblor de mis pupilas que se cerraron para negarse a ver el rumbo de tus pasos, apenas el aire que se me atragantaba en la garganta por negarse a llamarte, apenas tu perfume que me asalta a mansalva cuando abril enciende de corolas multicolores los árboles, el patio y los jardines, apenas tu voz que resucita en cada primavera cuando una algarabía de gorriones y palomas adorna un mundo absolutamente ajeno a tu presencia...

servido por Santiago 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

abigayl

abigayl dijo

"La melodía de Mozart, el desnudo de Degas y el otro desnudo más el amanecer de Monet, me han parecido los mejores complementos para esta entrada."

pues lo han sido... Sr. que cree en la música que teje el viento

Bello post

20 Septiembre 2008 | 06:46 PM

Petra

Petra dijo

Los pájaros se concentraban en tus ojos y su trino endulzaba el alba

20 Septiembre 2008 | 07:08 PM

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Sobre mí

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negrorrevoltoso

Santo Domingo, República Dominicana
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Nací hace medio siglo en una ciudad llamada Resistencia, capital de la provincia del Chaco, en la Argentina. Aunque no creo en los fanatismos soy un apasionado del tango, de los buenos libros y de los goles del Príncipe Francéscoli. Creo en la esperanza interminable de la libertad de los pueblos y en la música que teje el viento entre las hojas de los árboles, en la magia dormida de las palabras y en el abrazo cómplice de los amigos.

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