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La Coctelera

negrorrevoltoso

16 Octubre 2007

17 de Octubre

El subsuelo de la patria sublevado

“No hay nostalgia peor,/ que añorar lo que nunca, jamás, sucedió” dice una canción de Joaquín Sabina magistralmente interpretada por Adriana Varela, y hay días como hoy, cuando añoro una mañana, una tarde que no he vivido, aunque sí sucedió, pero fue once años antes de que yo naciera, porque mi madre era apenas una muchachita de diez años en esa época, pero esa jornada nos marcó a ambos por igual.

La Argentina vivía días convulsos después de la Segunda Guerra, un grupo de oficiales había tomado el poder por las armas para ponerle fin al largo contubernio que la oligarquía había establecido con una clase política decadente, anquilosada en sus privilegios. Un oscuro coronel sonriente había desempolvado viejos proyectos y trazaba ambiciosos planes que ilusionaban demasiado a los sectores más postergados del país, la incipiente industria formada al calor de la sustitución de importaciones de los años recientes había generado una migración interna hacia centros de enclave distribuidos por todo el Gran Buenos Aires, había un proletariado joven al que la izquierda vernácula no había conseguido seducir, los sindicatos cobraban fuerza, era un “desorden” que preocupaba demasiado a los amos del país.

El oscuro coronel se había convertido en una especie de ídolo de una dirigencia media que nadie controlaba, no era un “revolucionudo” al estilo de Alfredo Palacios ni de los hermanos Ghioldi, popes de la izquierda cenacular de aquellos años, era mucho más peligroso, porque sabía hacerse escuchar. A pasos medidos, este hombre avanzó hasta convertirse en ministro de Trabajo y Previsión, acumulaba tres cargos en el gobierno, estaba enredado con una actriz de cuarta categoría con la que vivía en inaceptable concubinato, en fin, había que pararlo de alguna forma… bastaba con mandarlo detenido a la isla Martín García por un par de meses, formar un nuevo gobierno, llamar a elecciones, y asunto liquidado. ¿Eso pensaron? Posiblemente sí, porque el pueblo, el populacho, será fácil de controlar cuando el coronelucho éste desparezca de la escena… ¿Eso habrán pensado? Posiblemente sí, pero se equivocaron.

Era 17 de octubre cuando de todas partes comenzaron a llegar “los cabecitas negras”, algunos eran morenos, otros de aspecto agringado, hablaban con tonadas extrañas para el Buenos Aires cosmopolita de entonces, venían de todas las provincias, de todos los rincones. Se fueron agrupando desde la mañana frente a la Casa Rosada, coparon de a poco la Plaza de Mayo ante la indecisión de un gobierno que no se animó a reprimir desde el principio. Cerca del mediodía el grito fue creciendo en intensidad: ¡Atención! ¡Atención! ¡No nos vamos sin Perón! Como el calor arreciaba, se quitaban las camisas, se lavaban “las patas” en la fuente de la histórica Plaza de Mayo, la inmaculada fuente de los libros de la historia falsificada por los émulos de Mitre. Los descamisados se hacían cargo del desarrollo de la historia y fijaban su derecho de propiedad sobre los símbolos, porque esa plaza, desde ese momento, perteneció a los descamisados y todas las veces que algún advenedizo intentó apropiársela, la historia le hizo pagar bien cara su osadía, como le pasó a Isabel Perón, a Videla, a Galtieri, al propio Menem.

¡Carajo! Me digo a veces cuando veo los documentales, las cosas que uno se pierde por no haber nacido, por ser hijo de una muchachita que en ese momento apenas tenía diez años… cierro los ojos y veo la plaza enorme, plena de esa gente esperanzada que se animó a reclamar su potestad sobre la historia de la patria, veo al coronel de entonces, el coronel del pueblo que aparece en el balcón y abre los brazos y grita con toda su voz ¡Coooompañeroooos! Y vibro con el grito enfebrecido de la multitud cuya sola presencia, por su carga de universalidad, es en sí misma un símbolo revolucionario… pienso en las cosas que me perdí, no pude escuchar la voz del coronel, no pude caminar entre las columnas que se desconcentraron por el Barrio Norte bajo las miradas atónitas de los ricos, de los privilegiados que verían a esa masa como se mira a un monstruo temible y peligroso, no pude gritar con esa masa ¡Maricones, a otra parte! ¡Viva el macho, de Eva Duarte! Años después, un tal Sanmartino acuñó la expresión “aluvión zoológico” para referirse a la masa peronista, yo prefiero la definición del pensador Raúl Scalabrini Ortiz:

Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón”(*)

(*)Párrafo tomado de www.rodolfowalsh.org

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Lissette

Lissette dijo

Gracias Santiago, momento como este son los que hacen a uno sentirse orgulloso de la patria. Ojalá y un momento tan significativo como ese se dé en la patria nuestra en un futuro no muy lejano. Que la gente nuestra, como la tuya en su momento, aprenda a exigir lo que le corresponde.

16 Octubre 2007 | 10:32

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negrorrevoltoso

Santo Domingo, República Dominicana
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Nací hace medio siglo en una ciudad llamada Resistencia, capital de la provincia del Chaco, en la Argentina. Aunque no creo en los fanatismos soy un apasionado del tango, de los buenos libros y de los goles del Príncipe Francéscoli. Creo en la esperanza interminable de la libertad de los pueblos y en la música que teje el viento entre las hojas de los árboles, en la magia dormida de las palabras y en el abrazo cómplice de los amigos.

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