Para una cátedra de tango
Estos títulos se irán repitiendo en sucesivas actualizaciones, se me perdonará que no me ocupe, por ahora, de otros acuciantes problemas, como la economía, la vapuleada actualidad política de este sombrío sector del patio trasero, donde la justicia es cada menos justicia y el milagro económico apenas llena los bolsillos de los funcionarios y de los dueños de las empresas, pero es que cada vez que un tango se pone a darme vueltas por entre los meandros de la memoria no puedo con las ganas de escribir.
Si el tango es un viaje de regreso, un diálogo silencioso con el recuerdo, con las nostalgias del barrio, con el viejo Santiago, mi viejo, cabe preguntarse cuáles son las cosas a las que un hombre quisiera regresar. Alejandro Dolina responde a esa pregunta con este fragmento magistral de sus Crónicas del Ángel Gris: “A la infancia, para recuperar bolitas(1) perdidas; a la adolescencia, para reencontrarse con los viejos amores; a la primera novia, para jurarle que no ha sido olvidada; a la escuela, para sentir de nuevo ese olor a sudor y tiza que no se encuentra en ninguna otra parte”. Sin embargo, en ese viaje de regreso que supone el hecho simple de escuchar un tango hay momentos, lugares, situaciones, a las que uno también quisiera volver… un domingo de invierno con solcito tibio y olor de mandarinas bajo los alisos(2), mientras en la radio la voz de un tal Víctor Hugo Morales(3) relata que una pelota envenenada, con destino final en el rincón de las ánimas(4), busca la red, impulsada por un tremendo taponazo… “pero Ubaldo Matildo Fillol(5), el arquero extraterrestre… de River Plate(6)… se eleva por los aires, estira un brazo, la toca y la obliga a salir por encima del travesaño… y digo extraterrestre… porque solamente un marciano puede hacer estas cosas…” y en ese relato vibrante, en esa voz emocionada hay una legión de corazones que gozan, porque aquel River es una prolongación de sí mismo… porque es
“tu nombre tiene a veces
rumor de viejos vientos
que parten con las barcas
desde lejanos puertos”…
O aquel tropel de palabras que se agolpaba en una hoja en blanco…
“Quise un poema mínimo
para el sonido de tu voz 
y la pureza de tu piel
en la penumbra
de la madrugada…
pero tu desnudez con su latido,
ánfora de marfil
bajo el trasluz de la ventana,
me entrecerró los ojos
con el asomo de una lágrima
y entonces la ternura
sucedió en mi silencio
y la palabra floreció… callada…”
Y en ese instante los bandoneones resucitan con su compás sin tiempo, tejen y destejen armonías que se mezclan con versos que son poesía pura… “llegabas por el sendero… delantal y trenzas sueltas… brillaban tus ojos negros… claridad de luna llena”(8)… y hasta me parece que he regresado y que escucho en la voz envejecida y dramática del Polaco Goyeneche(9), como Borges en la lluvia, “la voz, la voz deseada, de mi padre que vuelve y que no ha
muerto” (10)…
(1) Canicas
(2) Arbustos de flores blancas, muy comunes en
(3) Relator de partidos de fútbol, uruguayo, periodista deportivo contemporáneo
(4) En el fútbol, nombre de cualquiera de los ángulos del arco o portería
(5) Arquero (portero) de River Plate en los años setenta
(6) El mejor equipo de fútbol del mundo
(7) Jugador de fútbol uruguayo, ídolo de River Plate en los ochenta y en los noventa, Víctor Hugo Morales lo bautizó como El Príncipe, por la elegancia de su juego, por su caballerosidad y por su trato gentil con los periodistas
(8) Fragmento de Milonga triste, de Homero Manzi, poeta y letrista de tango argentino, famoso entre los años 40 y 50
(9) Cantante de tango, fallecido, famoso y querido por los amantes de esa música
(10) Versos finales del Poema de la lluvia, de Borges