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La Coctelera

negrorrevoltoso

7 Abril 2007

Puro cuento

Érase una vez un tipo, o sea yo, que tenía muchas historias para contar, es decir las mías, como ésta, que surgió de un recuerdo de una mujer que me regaló una tarjeta en una fiesta que en realidad era un asadito entre compinches, hace muchos años, porque a los viejos, las cosas buenas nos sucedieron hace tiempo, y a mí, allá lejos. Lo cierto es que, como dice una letra de tango: "eran sus ojos de cielo/ el ancla más linda que ataba mis sueños.../ era mi amor pero un día se fue de mis cosas/ ...y entró a ser recuerdo"... todo lo que quedó fue una tarjeta que guardé, tal vez sin darme cuenta, y que apareció cuando... bueno, dejémonos de historias y vayamos a la historia...

LA TARJETA

Yo no buscaba la tarjeta que me regalaste, amor, en esa fiesta trucha(*) en la casa del Gordo cuando tuviste que hacer todo un malabarismo para que tu marido no se diera cuenta… "un beso grande como toda tu ternura"… en realidad buscaba la revista que me prestó Mario Quinteros hace una eternidad… que me pide que se la devuelva… pero en esta casa existe, como en todas las casas, esa dimension metafísica en la que los objetos más inverosímiles (¿habrá objetos lógicos?) se pierden, se van quizá, cansados de tratar con las locuras cotidianas de los que los usamos (entonces los objetos tienen su lógica, ¿verdad?) y en realidad yo tenía ganas de encontrar esa revista de mierda para releer un cuento erótico de Viviana Lisigh(*) que hablaba de manos como palomas sobrevolando las laderas oscuras del volcán de la tibieza y una puerta se abre, anhelante, como llamando en lugar de ser llamada… "aunque no llames en esta puerta yo igual sabré que me estás llamando" pero no, yo no te llamo más porque el que cierra las puertas es el tiempo (¡Genial! ¿cómo se me habrá ocurrido?) y ya no es posible abrirlas aunque mis labios reclamen desesperadamente esa canción de Daniel Altamirano(*) que cantábamos casi en silencio para no despertar a tus hijos ("…un cuarto con muebles muy antiguos/ con cuadros de Picasso, de Van Gogh y Gauguin/ que se duerma la tarde sin saber de las horas/ y leerlo a Neruda los dos en el diván").

Tus pasos en los pasillos de la Facultad eran otra música, yo los conocía, los presentía cuando comenzaba a calmarse el apetito enloquecedor de mis oídos; al llegar jamás me sonreíste, siempre me sacabas la lengua o me hacías muecas pero a mí no me importaba porque entonces yo tenía ganas de reírme con el viento y… cuando Mario me prestó la revista me dijo que los cuentos eróticos de Viviana Lisigh eran una locura, me dijo, y yo le prometí que se la devolvería en una semana, es decir, el año pasado y si la perdiste sacá pasaporte y pasaje a Madagascar porque yo te mato, me dijo, y qué sé yo, uno es sensible, tiene su corazoncito, no puede permitir que los amigos como Mario sufran al punto de querer matarlo a uno por una revista de mierda, y la encontré a la revista y la puse en mi mochila porque mañana cuando vaya a trabajar se la voy a tirar por la cara y le voy a decir aquí tenés tu porquería de revista que ya leí toda, le voy a decir voz de… tu voz se ponía especial, casi como impostada cuando recitabas "Por qué cantamos" y a mí me causaba gracia la solemnidad de tu mirada porque yo odiaba la solemnidad pero me encantaba tu forma de recitarlo a Mario Benedetti porque… más respeto por la compañera, che, me decía el Gordo y me daba un codazo… pero yo no quería encontrar esta tarjeta, amor, rompí todas las otras hace tiempo y lo que en aquel momento me movió el piso es ahora un muñequito dibujado por una mano experta que me dice con tu letra "un beso grande como toda tu ternura" me dice, y yo que he decidido hace mucho no llamarte más, ni nombrarte siquiera, dejo tu tarjeta aquí, en la mesita de luz, exactamente bajo la reproducción del "Paisaje de Cordeville" de Van Gogh para que se pierda de nuevo en esa dimensión donde se pierden todas las cosas, los objetos que uno usa cotidianamente, para que cuando busque alguna vez, en otra habitación, los apuntes de años anteriores o las carpetas de la facultad, me encuentre de nuevo con el muñequito desteñido que me sonríe y me sigue hablando con tu letra.

(*) Trucho, trucha: argentinismo, falsa, imitación de algo real, se usa tam,bién como despectivo.

(*) Daniel Altamirano: cantante folclórico argentino, muy de moda en los años 70. En la canción el nombre de Gauguín se pronuncia Gogán para que rime con diván...

(*) Viviana Lisigh: Escritora argentina de cuentos eróticos de alto vuelo poético, es prácticamente desconocida.

® Santiago Almada

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negrorrevoltoso

Santo Domingo, República Dominicana
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Nací hace medio siglo en una ciudad llamada Resistencia, capital de la provincia del Chaco, en la Argentina. Aunque no creo en los fanatismos soy un apasionado del tango, de los buenos libros y de los goles del Príncipe Francéscoli. Creo en la esperanza interminable de la libertad de los pueblos y en la música que teje el viento entre las hojas de los árboles, en la magia dormida de las palabras y en el abrazo cómplice de los amigos.

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