Un poemita vespertino para volver al blog... complementan la entrada el adagio de Albinoni, el atardecer de Clausell, un impresionista mexicano que hacía magia con los colores y la carita de Maria Grazia Cucinotta, una morenota italiana sensual, explosiva que en la película "El Cartero" me puso a soñar con el mar, eran los años 90 y el mar para mí quedaba muy lejos... todavía. Espero que les guste...
El final de la tarde entristecía de distancia Las nubes alargadas sobre el mar Mientras la ciudad ajena rugía Su angustia de cemento en sombra. Vi la huida de las gaviotas, La temerosa ausencia de las palomas Y la espuma que pintaba Arrugados tatuajes en la arena, Vi el cuarto creciente como Si fuera apenas una promesa de luna y mi memoria repitió una calle secreta De una ciudad lejana donde Ángeles cómplices me habían Regalado melodías y constelaciones Que tenían el brillo de tus ojos. Con ese trocito de una vieja eternidad Regresé a mi presente y vi otra vez el mar, Como un náufrago que atesora De manera obstinada su mejor espejismo.
Estuve algo ocupado escribiendo una novela, de la que prometo dar detalles más adelante, por eso esta larga ausencia. Les regalo este poemita breve, con una sonata de un tal Mozart... dicen que el tipo era un genio del piano y otros instrumentos, algo cierto tiene que haber, porque cada vez que lo escucho me gusta más... la ventana la pintó René Magrite, un genio de los pinceles...
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Conjuro
Abro la ventana para conjurar con la brisa de la madrugada un insomnio de constelaciones que insisten en resucitar el brillo de tu pelo en una tarde de lluvia que declaré olvidada hace ya muchas lunas y demasiados inviernos...
Las mujeres son personas con gustos diferentes de los de los hombres, pero a veces coinciden en determinados intereses, en ciertos gustos y en determinadas excusas.
Una de las excusas más remanidas, tan asexuada por el hecho de que la utilizan por igual hombres y mujeres, tiene que ver con los libros y las lecturas. "Es que no me alcanza el tiempo para nada, imagínate si en el corre corre que paso a diario voy a tener tiempo de leer un libro", se queja una para, de una vez, resumirle a su amiga el capítulo de la telenovela emitida el día anterior.
Otras usan argumentos de carácter económico, y los plantean con una lógica de hierro: "A mí no me alcanza para comprar un periódico, mira si voy a tener para comprar un libro", y atienden con premura su flamante Iphone o su blackberry para entrar a Twitter o a Facebook a chatear con sus amigas, o con cualquier "amiguito con derechos".
Están las que se jactan de ser ávidas lectoras, exhiben siempre que pueden el libro que están leyendo y defienden con vehemencia las bondades y la profundidad del autor de moda, que ha vendido "tantos millones de copias", lo cual consideran una incuestionable muestra de talento de Stephenie Mayer, "la mamá" de los vampiros adolescentes de la saga Crepúsculo, o el último título de Pablo Coelho, y otras que se declaran fanáticas de Dan Brown y sus ángeles y demonios.
Las hay que leen de manera sistemática libros de autoayuda, de una vertiente menos literaria que la de Pablo Coelho, convencidas de que gracias a Og Mandino, Robin Sharma o Wayne Dier desarrollarán un poder mental y unas capacidades especiales que les permitirán cumplir el sueño de los ratoncitos Pinky y Cerebro: "Tratar de conquistar el mundo".
Las hay también, justo es reconocerlo y doy fe de ello, que son ávidas lectoras de los buenos libros, que casi nunca o muy pocas veces son los más exitosos o los que han vendido millones de copias, y disfrutan de literatura de la buena, de investigaciones objetivas realizadas con bases científicas.
Esas dominicanas, jóvenes, estudiosas, inquietas y laboriosas, pueblan la blogósfera con sus bitácoras personales, escriben poemas bellísimos, como mi amiga Vanesa, que también tiene un novio escritor y bueno... ellos se hacen el verso y son felices...
Ernesto Sábato decía que no hay literatura comprometida o de evasión, simplemente hay buenos o malos libros, mi amiga Petra lo sabe. Mi amiga Itania, esa morenota sensual, bonita, inteligente y dulce, es una lectora de esas, mi amiga Dahiana Familia, la Luna más hermosa de Santo Domingo, y mi amiga Lissette, por nombrar solo algunas de esas, que rompen el molde, que estudian, que piensan, se forman y crean, todo el tiempo, porque saben lo que hacen.
Tiene su propia musiquita, aunque nadie le ha puesto aún su partitura. Lo escribí hace una eternidad, una mañana de los años 70, cuando el otoño jugaba a pintar de marrones y ocres las hojas caídas de los álamos de mi añorada placita España en mi ciudad natal, y las muchachas de entonces suspiraban por Alain Delón, y yo estaba enamorado de Julie Christie y me encantaba tararear el Tema de Lara o silbar Los sonidos del silencio... originalmente lo titulé Canción para tu nombre...
Canción para tu nombre
Tu nombre tiene a veces Rumor de viejos vientos Que parten con las barcas Desde lejanos puertos. Tu nombre pequeñito, Hecho de estrella y cielo, Tu nombre que despierta Con la aurora del sueño. Tu nombre es un camino Dolido de silencios, Pequeño y solitario Como un pájaro quieto. Tu nombre es como lluvia Que en los caminos secos Se olvida mil charquitos Que parecen espejos. Tu nombre es como un duende Que se escapó de un cuento Para andar en mi voz Por encima del tiempo.
Escribir sonetos no es mi fuerte ni me interesa demasiado. En esta ocasión, para despuntar el vicio de escribir, va este pequeño ejercicio. Espero les guste...
Intenciones en forma de soneto
Dedicarles sonetos a tus ojos O encerrar en palabras tu sonrisa Puede sonar a caprichoso antojo Y hasta puede que te cause risa.
Sucede que un soneto desespera Con sus rimas, su métrica y sus dudas Y pienso en la palabra primavera Y es primavera cuando te desnudas.
Entonces cierto manto de negrura Se adueña de mis locas invenciones Y aunque son intenciones tan oscuras Que con tu desnudez desenmascaras No dejan de ser oscuramente puras Y al fin de cuentas intenciones claras.
Como ya expliqué una vez, las tankas son un tipo de estrofa de origen japonés que tiene un verso inicial de cinco sílabas, un segundo de siete, otro de cinco y dos más de siete sílabas. La forma original prescinde de la rima. Espero que les guste. La melodía es un preludio de Bach, ejecutado por las manos virtuosas de Don Andrés Segovia, un hombre que hacía hablar a la guitarra.
Tus ojos pardos Trazan constelaciones calladamente musicales y tensas cuando miras el cielo.
En tu desnudez de satén y penumbra mil diapasones afinan en silencio los tonos del deseo.
Un largo acorde De violines lejanos Con sabor de mares Y viejas tempestades Se enciende en tu gemido.
Un paraíso de mieles trasnochadas sobre tu piel conjura en las auroras el milagro de un beso.
Esta guitarra sus viejos madrigales y sus baladas ¿no clausuran olvidos Cada vez que te nombran?
Este poema se me ocurrió mientras recorría los pasillos de un vivero, entre macetas llenas hojas y pétalos multicolores, con los aromas más exóticos y cautivantes. Pido perdón una vez más por no dar espacio en mi blog a temas tan en boga como el narcotráfico, la recesión y las perspectivas poco alentadoras que ofrece el déficit fiscal. Sucede que cuando la poesía me toma por asalto la imaginación, lo que sucede a menudo, no puedo hacer otra cosa que dejar que las musas hagan su trabajo, y lo comparto con los amigos y amigas para que me quieran un poquito más. Sucede también que estos días con un poquito de frescura invitan a releer cartas y libros guardados, a recorrer páginas de nuevos libros y también a inventar poemas, un vicio que no puedo evitar. Las flores, la silueta de la muchacha desnuda y la melodía de un tal Johan Sebastian Bach me parecieron el complemento perfecto para esta entrada con la que el Negro Revoltoso, insurrecto y anárquico por costumbre, les desea a todos un un año lleno de cosas buenas y momentos felices.
Botánica
A veces, cierto temblor en los pétalos de los crisantemos me transporta a regiones de tu piel en donde amanecía desvelada la sombra del deseo. Cuando la brisa aprovecha el letargo de rocío que adormece a los malvones y se roba su aroma siento resucitar tus pasos junto a la puerta y mis latidos vuelven a ser de música. Cuando un brillo imperceptible se cuela entre las corolas de los jazmines o de las azaleas, pienso en tu voz que azulaba las magnolias en la madrugada y pronunciaba en tono menor cada caricia y dibujaba orquídeas con tus yemas, y era tu boca una armonía agreste de damascos, un almíbar de nísperos y de manzanas, y había en el vaivén de tu pelo en mi cara un aroma de grama verdecida
que nos hacía florecer entre un compás de tulipanes y una armonía de cayenas junto a la luna en la ventana.
Este poemita nació en un atardecer junto al malecón, mientras la ciudad primada a mis espaldas era el mismo estruendo impersonal de siempre, con la misma indiferencia de cemento y el tránsito enloquecido, pero el mar tenía ese rostro que invita a lejanías y que hace divagar a los poetas... el título de la melodía es algo así como "caminando contigo"...
Momento
La tarde se tendió sobre la espuma Para que el mar soñara diamantes vagabundos Y las nubes jugaron a enrojecer de lejanía El cielo, el silencio y los recuerdos. Entonces una primera estrella inventó El regreso de la noche y una armonía de sal Trenzó en el viento la perfección De un instante de paz sobre las aguas Con la belleza irrepetible de un fulgor Que pretendió partir en dos la eternidad.
Nací hace medio siglo en una ciudad llamada Resistencia, capital de la provincia del Chaco, en la Argentina. Aunque no creo en los fanatismos soy un apasionado del tango, de los buenos libros y de los goles del Príncipe Francéscoli. Creo en la esperanza interminable de la libertad de los pueblos y en la música que teje el viento entre las hojas de los árboles, en la magia dormida de las palabras y en el abrazo cómplice de los amigos.